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miércoles, 1 de agosto de 2012

Pestañas. Hoy: La dictadura de los hijos


Lugar: oficina de Telecentro. Voy a reclamar porque los putos de Telecentro no te atienden el teléfono para reclamos ni con orden de la CIA. Así fue que estuve como una semana sin Internet. Casi tengo que salir a tener una vida de la desesperación que tenía.

Estacioné a un par de cuadras. En el camino paso a una pareja de gente mayor con factura de Telecentro en la mano. Me dio cosa hacerlo pero bueno, un puesto es un puesto. Quería irme rápido. Además detesto hacer trámites, no es culpa de ellos claro pero los madrugué a los pobres. Para ser sincero iban pisando huevos.  Para que me diera más culpa, ya adentro del local noto que hacen muchos gestos. Bruscos los gestos. Eran sordos. Qué te parió, ¿me lo hacen a propósito para que me sienta para el orto? No pelotudo qué sos, ¿el centro del mundo? Ah, no? Bue…La verdad me sentí bastante choto. Me resarcí un toque cuando me estaban por atender. Llegó una mina con carnet de discapacitada pidiendo que la atiendan y le cedí el lugar. Más vale que no merezco una medalla por ello. Era lo que correspondía y aminoró la avivada previa. Tampoco me voy a hacer el buen samaritano, la realidad es que me rompió un poco que llegara justo en ese momento, por qué no viniste antes, o mejor 5 minutos después, no claro, todo para joderme a mí, estaba algo irascible esa mañana. Antes de entrar al local, habiendo ya acostado a los sordos, dos mujeres me ganan de mano en la puerta. Justicia divina. La puta que la parió a la justicia divina. Tampoco maté a nadie.

Aquí está el punto. Mientras esperaba que me atiendan fui testigo de la charla entre una vieja y una gallega, española, madrileña por la tonada supongo, no soy un experto en españoles pero se le entendía clarito,  así que asumo que era así. Tipo Cecilia Roth cuando habla en gallego hablaba, sin tanto pucho en la voz pero, de todos modos, con voz gruesa. Eran las dos que me habían ganado de mano en la puerta. Si hubiera llegado primero yo, a lo mejor, este post no hubiera sido posible…faaa, ¡qué pérdida para la humanidad toda!

La enganché por la mitad la charla. Andá a saber en que estaba pensando, no ya en los sordos, puede que estuviera relojeando la tele. Estaban pasando los Simpsons. Son adictivos. Antes de la charla la gallega se había acercado al tipo de Seguridad. Le habló bajito. Volvió rápido al asiento. El de seguridad le dice vaya al bar de la esquina, por ahí le prestan…no dice la gallega, no corresponde pedir el baño sin consumir, por ley deberían tener un baño público en un lugar de atención al público…por ley? Faaa pensé, es un poco rígida la mujer y va a hacer un quilombo de novela si se viene a quejar por algo. El tipo la miró resignado y le dijo: ni para nosotros tenemos señora, tenemos que ir a otro lado al baño. Básicamente fue un no me rompa las pelotas doña, yo laburo acá y me tengo que aguantar así que no joda…   

La charla. Dije que la agarré empezada. Hablaban de Internet. La mujer decía que no cachaba un fulbo. No lo dijo así pero la idea era esa. La gallega (50 tendría, la vieja unos 10 más, mínimo) le dijo que había que aggiornarse, que Internet estaba bárbara. La conversación derivó en los jóvenes.

Gallega: pasamos de la dictadura de los padres a la dictadura de los hijos…por eso están tan perdidos los chicos, también los padres, ahora ya no crían a sus hijos, con el tema del trabajo y todo eso…así estamos, se han perdido los valores, instituciones como la familia antes eran sagradas. Ya no lo son…epa, qué pasó con la liberalota que le decía a la vieja que había que estar con los tiempos, Internet y todo eso? Faltó que dijera que con el Generalísimo Franco estábamos mejor. Siguió: igual hay que ver que se hace con ellos, son nuestra juventud, algo mal habremos hecho para estar como estamos y que ellos estén como están señaló autocrítica sin dejarle meter un bocadillo a la vieja.

La llamaron a la vieja. La gallega no encontró más interlocutores pese a que se le        notaba que andaba con ganas de hablar. Por suerte no hizo quilombo. Y me fui también yo rápido. Dejando, tras de mí a los sordos.