Mostrando entradas con la etiqueta naturalización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta naturalización. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de mayo de 2012

La naturalización de una excepcionalidad histórica


Plaza del Congreso, jueves a la noche, dulce espera de la concreción de un momento histórico: nacionalización, recuperación, expropiación de YPF (utilizo las diversas definiciones del hecho en función de abarcar a todo el espectro político, léase: la primera, bien peronista; la segunda, peronista en su vertiente kirchnerista; la tercera, para la izquierda-adherente o no- y la derecha-que pretende asustar con la palabra expropiación-).

Una serie de consideraciones que me llamaron la atención de tan célebre-celebrada noche.

En principio me llamó la atención la naturalidad con la cual se tomó el evento en la plaza. Puede que fuera porque era una votación de resultado casi cantado. A lo mejor porque nos estamos acostumbrando a los festejos. Tal vez porque recitar el rosario de logros de la gestión kirchnerista nos está amainando un poco la tensión que solían provocar este tipo de eventos. Lo cierto es que me hizo cierto ruido el relax que reinaba previo a la votación. Puede que un poco de todo. El asunto es que me disparó reflexionar sobre el asunto.

Por un lado pensaba en todo lo que suele reclamársele al gobierno que debería hacer, que expropiá ésto, que recuperá lo otro, que controlá tal cosa porque sino sos cómplice, a ver, ¿quién hizo tanto como este gobierno en los últimos 50 años?. Es facilísimo ponerse a declamar lo que se debería o no hacer pero bueno, no es problema nuestro tal actitud, es un tema realmente menor a esta altura de los acontecimientos.

El punto que me lleva a la presente reflexión es otro. Es el título pomposo que decidí ponerle al presente artículo. Ya ha escrito sobre el tema bastante Ricardo Forster en el libro La anomalía argentina refiriéndose al kirchnerismo. A lo excepcional que es este momento histórico político del país con el kirchnerismo como eje ordenador de todas las disputas. Ahora bien, resulta, de todos modos, sorprendente la manera en que el propio kirchnerismo ha naturalizado el proceso del que forma parte. Estar en la plaza y ver, vivir, la tranquilidad, la alegría despojada de nervios que se percibía en el ambiente, la seguridad con que se aguardaba el resultado de la expropiación de YPF cuando se trata de una realidad impensable, inimaginable no mucho tiempo atrás. ¿Cómo se llegó a ese estado de cosas?

Yo fui testigo, como Arturo Bonín, se me cayó una sota, de otras plazas, la de la 125, la de la ley de medios, el aire resultaba irrespirable, especialmente la plaza de la 125, se vivía con miedo, temores de fin de ciclo, de que el sueño se acabara, de que fue lindo mientras duró, de que era inevitable que así fuera, si así había sido siempre en este país, al menos en el país en el que yo crecí, en el que yo me críe, las ilusiones no duraban mucho, si es que las había…

El festejo de la noche de la recuperación de YPF fue un festejo alegre, sin estridencias ni desmesuras, pleno de certezas, sin rabias, sin llantos ni gritos destemplados. Fue un festejo inevitable, hoy lo inevitable es ésto, la alegría, no la decepción.

Sin embargo no hay que olvidar algo. No es algo natural lo que estamos viviendo. No eran así las cosas. No hubiera pasado en la reputísima vida sin la irrupción del kirchnerismo en la vida política argentina, no hubiera pasado sin la hegemonía político cultural que logró construir este novedoso movimiento político, con todo lo que expresa, con todo lo que representa. Un espacio que impone agenda desde sus convicciones, que marca la cancha todo lo que puede, que impone condiciones. Ésto, el modelo, el proyecto nacional y popular no surgió de la nada, lo que logró y lo que logra día a día no es casualidad. La profunda voluntad de cambio, transgresora, provocativa, sorpresiva, oportuna, todo ello confluyó en la realidad que hoy vivimos. ¿Se acuerdan cuando se decía que este gobierno no tenía un plan? Pobres de ellos…

El jueves en la plaza solo vi a un viejo llorando. Los ojos enrojecidos de tanto llorar, pasaba entre la muchedumbre como sin ver, vaya a saber uno en que estaba pensando, que estaba recordando. A su alrededor cantidad de pibes, jóvenes festejando, riendo, gritando, cantando. El contraste me estalló en los ojos. ¿Qué estaba pasando ahí?

Los pibes, felices, viviendo con frescura, con una naturalidad inédita para los mayores de 30 años, inaudita para los gorilas. Para los de veintipico para abajo el kirchnerismo es SU experiencia política, es LA política, su vivencia histórica pasa por ahí. La política ES ésto. La política no juega inevitablemente para las corporaciones, contra el pueblo, para los sub 30 la política juega de cara al pueblo. En la virtud por supuesto, pero también en las debilidades, ¿cómo olvidar a Néstor en 678 diciendo ¿y a quién querían que ponga en el Banco Central? ¿A Kunkel?, ¿o cuando desenmascaró a Magnetto admitiendo que se reunía con él? ¿O cuando asumió que con el 22% no podía dar ciertas batallas?

Otra perlita que me llamó la atención: en otras plazas había mucha más gente suelta, espontánea. El jueves de la recuperación de YPF no tanta. Mucha militancia, mucho encuadre, mucha organización. El espontaneísmo es volátil. La organización genera sentido de pertenencia, cohesión, solidaridad, trabajo conjunto, colectivo. La organización vence al tiempo. Unidos y organizados. Aprendizaje histórico que le dicen.

Por todo lo señalado hay que cuidar lo conseguido. E ir siempre por un poquito más, forzando la realidad, transformando, transgrediendo, corriendo los límites de lo posible. En las lágrimas de ese viejo que las pasó todas, en la alegría de esa juventud de historia política exclusivamente kirchnerista radica parte de la vitalidad del proyecto. El resto está en la Historia, como soporte, como experiencia política, en la voluntad transformadora, en la provocación por momentos adolescente tan propia del peronismo, plebeyo, batallador, irreverente, en el hecho maldito que representa, en su capacidad de construcción política, en su capacidad de acumulación en la búsqueda del poder, en la habilidad para detectar donde está el poder real para pelearlo con las armas que se tienen a mano, en sus ganas de romperle un poco las pelotas a los poderosos. No es poco.

Teniendo claro siempre que, para pelear con el poder, es preciso ganar en todos los frentes: el económico, el cultural, el político, el social, el histórico. Y también hay que ganar en la calle. Porque ahí, en la calle, está el pueblo.