Una tarde, un 26 de
junio de 2011, pasó lo que nunca nadie imaginó que podía pasar. Era más posible
imaginar la caída del muro de Berlín, del comunismo, del capitalismo
implosionando fruto de sus propias contradicciones a manos del proletariado sepulturero
que genera en su propio desarrollo que el hecho de que cayera River. Pero aquel
día cayó. 15 años después de la Copa del ’96. Paradojas del destino. Sucedió. River
se fue. Se fue de viaje como tituló Canal 7 en el especial de anoche tras el
regreso. El tema es que River se había ido mucho tiempo antes. Muchísimo.
River se había
perdido como consecuencia de sus propias dudas, por renegar de lo que
históricamente había sido. Quiso ser lo que nunca fue, cerró los ojos y olvidó
las causas de sus momentos de gloria, de su tradición futbolística. No lo había
hecho ni siquiera en los años de su proscripción de la victoria, en aquellos 18
años sin campeonatos, la era en la que nació la gallina, los 18 años de River
proscripto, en el exilio, la Puerta de Hierro que no podía abrir. ¿River es
Perón?...para pensar.
Siguió insistiendo,
con paciencia, con tozudez, creyendo en la ingenuidad de que el avión negro lo
traería de regreso a la gloria. Y lo trajo, no en el avión negro, tampoco a
Perón lo trajo el avión negro, a los 2, a River y a Perón, los trajeron los
pibes, a uno en el ’73, a River en el ’75. Polémica abierta sobre que los pibes
trajeron a Perón…volviendo a River, cuando todo estuvo listo volvió en el ’75,
sin perder su esencia futbolística, en ese momento le dio el cuero, como al
Viejo. Y volvió, y tuvo 30 años grandiosos, de puro disfrute, goce.
Pero un día River
entró en la lógica de ciertos sectores de la clase media y media alta argentina.
Se identificó con intereses que no eran los propios, que no le pertenecían. Para
ganarle a Boca, para ganar la Copa asumió que debía sacarse la pilcha que lo
caracterizaba futbolísticamente para ponerse el traje de picapiedra. Extravió su
identidad, la cual nunca es inmutable, que cambia, nadie es igual por siempre
pero que debe tener ciertos límites, una cosa es ser pragmático coyunturalmente
y otra muy distinta es perder por completo de vista quién uno es. Vivió su
menemismo futbolístico no en los ’90 sino en la década kirchnerista. Se vació de
contenido como el peronismo en los ’90, se calzó una ropa que no le quedaba y
perdió su identidad, como el peronismo, se condujo a sí mismo al borde del
abismo. Todos nosotros lo hicimos en un punto, con diferentes grados de
responsabilidad obviamente. Pero todos contribuimos a tal extravío.
Desechó lo hecho
durante tantos años anhelando ser el enemigo (futbolístico, está más que claro,
por las dudas vale la aclaración) y así le fue. Hoy pelea por volver a su
historia, a su tradición, a su amistad con el gol. Dejando de privilegiar el
cero en el arco propio. No es nuestra esa historia. El gol es River, River es
el gol. Siempre. No pasa por paladar negro o no. River se caracterizó más por
la contundencia, por la voracidad por el gol que por el tiki tiki. Con errores,
con aciertos pero siempre con la mira fija en el gol.
Y para ello, para
volver, recurrió a sus hijos, a sus hinchas, a los que vinieron a poner el corazón,
con Almeyda a la cabeza. Con los goles del Cave gol en la primera parte, el
talento del Chori, los goles del gran David en la parte final (debo reconocer
que no lo tenía tan bueno y no creí que estaba en ese estado, me sacó el
sombrero), la sangre de Ponzio en esa noche de Boca Unidos, (tras ese partido
escribí estas líneas) el esfuerzo de todos, de los pibes, en el fondo, en el
medio y adelante, con el emblema de la gran caída, Funes Mori, el delantero, el
más puteado el año pasado, el menos pensado para aparecer en el momento más
crítico de este campeonato, apareció al final, como River, que en los últimos
años desaparecía en las bravas, se mancaba ahí, en el sprint final, donde nunca
se mancaba antes, donde hacía pesar su nombre. Eso también lo había perdido. Parece
buscar el camino de la recuperación. Todos aportaron su corazón para la vuelta
y sufrieron como nosotros, los hinchas de a pie, el viaje traumático que
vivimos este año. Pero también lo disfrutamos, el hincha volvió también a ser hincha
de los colores, no de las copas. A puro gol y corazón. A eso vinieron los que
vinieron y para eso se quedaron los que se quedaron. Gol y corazón para
recuperar la identidad, para volver a ser River. Gracias por volver…volver?, ma’
que volver si nunca me fui…
PD: se me puso un
toque cursi el asunto…así es el amor, la pasión, es así. Además, ¿que hay en
este blog que no sea cursi?. En ocasiones es preciso ser cursi. Insisto, el
amor, la pasión, el fútbol son así, cursis…¿y qué?
Para vos que me
enseñaste a gustar del buen fútbol y que metiste mi rocanrol bajo este pulso,
para vos que sufriste y lloraste sin ser de River, para vos que me consolaste,
para vos que compartiste mi dolor y me dijiste que no era mi culpa, para vos
que te permitiste festejar sin caer en la pelotudez que imponía vergüenza en
lugar de disfrute, para vos hincha de River…
Una cosita. En tanto
y en cuanto los primos sigan contando copas de leche para decir que son reyes
de copas nosotros contaremos este campeonato como el 34. Loco, nos fuimos a los
33, número bíblico relacionado con la muerte si los hay…volvimos, así que van
34, la resurrección…y esperemos que sean mejores…
Otra cosita para la
polémica: más allá de las puteadas y odios que despierta Passarella, sólo él
podía resistir una crisis como ésta, con puño de hierro, como más le gusta,
sólo él tiene la espalda para aguantar una realidad como la que vivimos sin que
River se desmadre mal, sólo miremos a los costados y lo que pasa en otros
clubes que vivieron y viven lo que nosotros vivimos…para pensar, si hay
puteadas, bienvenidas. Yo fui adolescente en los tiempos de Daniel técnico. Él puso
a Ortega en primera, lo siento pero no soy neutral…

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