lunes, 25 de junio de 2012

Y un día volvimos...


Una tarde, un 26 de junio de 2011, pasó lo que nunca nadie imaginó que podía pasar. Era más posible imaginar la caída del muro de Berlín, del comunismo, del capitalismo implosionando fruto de sus propias contradicciones a manos del proletariado sepulturero que genera en su propio desarrollo que el hecho de que cayera River. Pero aquel día cayó. 15 años después de la Copa del ’96. Paradojas del destino. Sucedió. River se fue. Se fue de viaje como tituló Canal 7 en el especial de anoche tras el regreso. El tema es que River se había ido mucho tiempo antes. Muchísimo.

River se había perdido como consecuencia de sus propias dudas, por renegar de lo que históricamente había sido. Quiso ser lo que nunca fue, cerró los ojos y olvidó las causas de sus momentos de gloria, de su tradición futbolística. No lo había hecho ni siquiera en los años de su proscripción de la victoria, en aquellos 18 años sin campeonatos, la era en la que nació la gallina, los 18 años de River proscripto, en el exilio, la Puerta de Hierro que no podía abrir. ¿River es Perón?...para pensar.

Siguió insistiendo, con paciencia, con tozudez, creyendo en la ingenuidad de que el avión negro lo traería de regreso a la gloria. Y lo trajo, no en el avión negro, tampoco a Perón lo trajo el avión negro, a los 2, a River y a Perón, los trajeron los pibes, a uno en el ’73, a River en el ’75. Polémica abierta sobre que los pibes trajeron a Perón…volviendo a River, cuando todo estuvo listo volvió en el ’75, sin perder su esencia futbolística, en ese momento le dio el cuero, como al Viejo. Y volvió, y tuvo 30 años grandiosos, de puro disfrute, goce.

Pero un día River entró en la lógica de ciertos sectores de la clase media y media alta argentina. Se identificó con intereses que no eran los propios, que no le pertenecían. Para ganarle a Boca, para ganar la Copa asumió que debía sacarse la pilcha que lo caracterizaba futbolísticamente para ponerse el traje de picapiedra. Extravió su identidad, la cual nunca es inmutable, que cambia, nadie es igual por siempre pero que debe tener ciertos límites, una cosa es ser pragmático coyunturalmente y otra muy distinta es perder por completo de vista quién uno es. Vivió su menemismo futbolístico no en los ’90 sino en la década kirchnerista. Se vació de contenido como el peronismo en los ’90, se calzó una ropa que no le quedaba y perdió su identidad, como el peronismo, se condujo a sí mismo al borde del abismo. Todos nosotros lo hicimos en un punto, con diferentes grados de responsabilidad obviamente. Pero todos contribuimos a tal extravío.

Desechó lo hecho durante tantos años anhelando ser el enemigo (futbolístico, está más que claro, por las dudas vale la aclaración) y así le fue. Hoy pelea por volver a su historia, a su tradición, a su amistad con el gol. Dejando de privilegiar el cero en el arco propio. No es nuestra esa historia. El gol es River, River es el gol. Siempre. No pasa por paladar negro o no. River se caracterizó más por la contundencia, por la voracidad por el gol que por el tiki tiki. Con errores, con aciertos pero siempre con la mira fija en el gol.

Y para ello, para volver, recurrió a sus hijos, a sus hinchas, a los que vinieron a poner el corazón, con Almeyda a la cabeza. Con los goles del Cave gol en la primera parte, el talento del Chori, los goles del gran David en la parte final (debo reconocer que no lo tenía tan bueno y no creí que estaba en ese estado, me sacó el sombrero), la sangre de Ponzio en esa noche de Boca Unidos, (tras ese partido escribí estas líneas) el esfuerzo de todos, de los pibes, en el fondo, en el medio y adelante, con el emblema de la gran caída, Funes Mori, el delantero, el más puteado el año pasado, el menos pensado para aparecer en el momento más crítico de este campeonato, apareció al final, como River, que en los últimos años desaparecía en las bravas, se mancaba ahí, en el sprint final, donde nunca se mancaba antes, donde hacía pesar su nombre. Eso también lo había perdido. Parece buscar el camino de la recuperación. Todos aportaron su corazón para la vuelta y sufrieron como nosotros, los hinchas de a pie, el viaje traumático que vivimos este año. Pero también lo disfrutamos, el hincha volvió también a ser hincha de los colores, no de las copas. A puro gol y corazón. A eso vinieron los que vinieron y para eso se quedaron los que se quedaron. Gol y corazón para recuperar la identidad, para volver a ser River. Gracias por volver…volver?, ma’ que volver si nunca me fui…

PD: se me puso un toque cursi el asunto…así es el amor, la pasión, es así. Además, ¿que hay en este blog que no sea cursi?. En ocasiones es preciso ser cursi. Insisto, el amor, la pasión, el fútbol son así, cursis…¿y qué?

Para vos que me enseñaste a gustar del buen fútbol y que metiste mi rocanrol bajo este pulso, para vos que sufriste y lloraste sin ser de River, para vos que me consolaste, para vos que compartiste mi dolor y me dijiste que no era mi culpa, para vos que te permitiste festejar sin caer en la pelotudez que imponía vergüenza en lugar de disfrute, para vos hincha de River…

Una cosita. En tanto y en cuanto los primos sigan contando copas de leche para decir que son reyes de copas nosotros contaremos este campeonato como el 34. Loco, nos fuimos a los 33, número bíblico relacionado con la muerte si los hay…volvimos, así que van 34, la resurrección…y esperemos que sean mejores…

Otra cosita para la polémica: más allá de las puteadas y odios que despierta Passarella, sólo él podía resistir una crisis como ésta, con puño de hierro, como más le gusta, sólo él tiene la espalda para aguantar una realidad como la que vivimos sin que River se desmadre mal, sólo miremos a los costados y lo que pasa en otros clubes que vivieron y viven lo que nosotros vivimos…para pensar, si hay puteadas, bienvenidas. Yo fui adolescente en los tiempos de Daniel técnico. Él puso a Ortega en primera, lo siento pero no soy neutral…





No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada