viernes, 4 de noviembre de 2011

El exilio

No podía verla así. No podía tolerarlo. Ella estaba quebrada. Lo estremecía verla así. Pensé escribir que lo subyugaba pero un muchacho simple y peronista no se subyuga. Se estremece. Era peronista en su versión K. Ella también.

Ella solía decir, toreándolo, …yo no soy peronista, soy kirchnerista… El se reía pero en el fondo entraba como un caballo. Decí que sos peronista la puta que te parió, pensaba. Cuando fueron a la Rosada ella no se quiso sacar la foto con el busto del General. Sólo con el de Camporita. Fue una mojada de oreja. A quién se le ocurre? Igual sos peronista murmuraba él…el kirchnerismo es peronismo. Tal vez sea cierto que el peronismo no es necesariamente kirchnerismo pero éste si es indefectiblemente peronismo. A eso él suponía que apuntaba ella al no definirse peronista (a que peronismo implica corrientes que no son kirchnerismo)…peronistas somos todos al fin y al cabo. Natural.

Él no podía permitir que ella siguiera sufriendo así. Estaba dispuesto a enfrentar el desafío de revertir esa situación. Con todas las herramientas que estuvieran a su alcance. Por algo se asumía peronista. Una vez que se adopta tal identidad no es posible disociar la vida, el amor de la política. No hay manera.

Fue entonces que se acordó de Néstor cuando dijo que si lo apretaban él iba a hablar. Que se iba a hacer cargo de decirle al pueblo que lo condicionaban y que querían que hiciera lo que no estaba dispuesto a hacer. Que lo iba a poner sobre el tapete. Y así obró. Él también.

Debía romper con el misterio. Romper con la mística que implica la clandestinidad. Debía defender, como el pingüino, lo construido con tanto esfuerzo. Puso las cartas sobre la mesa. Solo porque no podía verla así a ella.

Optó por el exilio entonces. Tal vez no fuera un exilio en el sentido estricto de la palabra. No fue obligado a marcharse. Lo eligió. Para apreciar la realidad desde otra perspectiva. Para oxigenarse y oxigenarla.

Partió a lo de un cumpa que le dio asilo político. El objetivo del retorno estaba latente. Se percibía inmerso en la etapa de la Resistencia. Ponía caños, hacía pintadas. Inocente accionar pero profundamente reivindicatorio.

La profundización de ese proceso sería la creación de su propio Luche y Vuelve. Sabía que debía luchar para volver. Pondría voluntad, empeño para reparar la mística perdida. La magia. El golpe fue necesario. Las transformaciones no se producen desde la apatía. Se esmeraría para estar a la altura de las circunstancias. El luche y vuelve requiere esfuerzo. Sacrificio. Era un hombre común en una situuación excepcional. 

Y volvería. Seguramente no en un avión negro. Pero parecido.

2 comentarios:

  1. Esta buena la ¿historia de amor? Que vuelvan.

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  2. Amor y peronismo son una combinación peligrosa...luche y vuelve!

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